Envíos a todo el país
Familia y Emociones

Familia y Emociones

Por Mayra Djimondian

 

Si tuvieras que describir las relaciones familiares y la manera de expresar las emociones en tu hogar ¿qué dirías?

Muchas veces los corazones se rompen en el entorno en el que deberían ser nutridos y cuidados, es decir en el hogar. Rechazo, descalificación, palabras hirientes, maltrato físico y emocional, son moenda corriente en muchas familias hoy.

Nadie puede vivir feliz con un corazón roto, pero todos los corazones rotos pueden sanarse mediante el amor y el poder de Jesús.

“Él sana a los que tienen roto el corazón y les venda las heridas” Salmo 147:3

En nuestra era existe un marcado “analfabetismo emocional”, que nada tiene que ver con un déficit en la preparación intelectual, ni con nuestro currículum, sino con la falta de recursos internos, para identificar y expresar correctamente las emociones, los sentimientos y estados de ánimo y conectarnos con la emocionalidad propia y la de los demás.  Muchas personas ante la dificultad para expresar sus emociones de manera correcta, recurren a la violencia, que suele ser aprendida de generación en generación:

“Si el niño o niña ve que los adultos que lo rodean resuelven sus conflictos de manera constructiva y pacífica, él o ella también desarrollará ese tipo de estrategia para enfrentar sus problemas. La violencia intrafamiliar se refiere a todas las conductas que, por hacerlas o por dejar de hacerlas, dañan psicológica o físicamente a un miembro de la familia” (Tiempo de crecer, manual para el trabajo con familias, Unicef)

La palabra emoción significa entre otras cosas, remover, agitar, se refiere a “energía en movimiento”. Si nuestra vida fuera un auto, las emociones serían el motor. Pero aunque ese auto tenga el tanque lleno y todas las piezas correspondientes en su lugar, si el motor no funciona bien, no podrá ponerse en marcha, y en el caso que pudiera arrancar, probablemente a los pocos metros nos dejaría a pie. Hoy en día muchas familias se quedan “a pie”. El motor no funciona bien. No avanzan, se estancan en un problema o conflicto, se autodestruyen porque existe maltrato verbal, psicológico, explosiones de ira, enojos sin resolver, falta de perdón, falta de respeto, y en muchas de ellas violencia física. Para que la violencia no tenga espacio en una familia es necesario desarrollar una emocionalidad sana, comenzando por uno mismo y fomentándola entre los demás miembros en nuestro hogar.

Daniel Goleman, referente a nivel mundial sobre el tema, y autor del libro “Inteligencia emocional”, señala que: “Si no controlas tus habilidades emocionales, si no tienes consciencia de ti mismo, si no eres capaz de controlar tus emociones estresantes, si no puedes tener empatía y relaciones efectivas, entonces no importa lo inteligente que seas, no vas a llegar muy lejos”.

Si queremos construir una familia emocionalmente sana, tenemos que empezar por nosotros mismos.

En este sentido es importante fomentar la autogestión emocional que está conectada con las competencias o habilidades emocionales que podemos desarrollar para mantenernos en balance, hacer frente a la frustración, manejar el enojo, reconocer la emocionalidad propia y la de otros, entrenarnos para afrontar las emociones desfavorables y canalizarlas con sabiduría, etc.

Cuanto mejor aprendemos a identificar nuestra emocionalidad, y más conscientes somos que hay veces que nos resulta difícil regular determinadas emociones, probablemente  más abiertos estemos a comprender que los  miembros de nuestra familia  también luchan con algunas de ellas y esto nos abra la posibilidad de desarrollar empatía y aceptación.

Mirar hacia adentro para tomar conciencia de  nuestros propios deseos y motivaciones, revisar y reconocer en nosotros los modos de reaccionar ante las diferentes situaciones que presenta la vida familiar, reflexionar en los valores que tenemos como padres y madres, distinguir en qué emocionalidad estamos generalmente,  cuáles son los sentimientos que nos  invaden, cómo accionamos o generamos momentos felices y qué hacemos frente al conflicto y a lo que nos causa preocupación, está vinculado con la auto-gestión emocional.

Ser capaces de reconocer nuestros puntos fuertes y débiles es otro recurso que nos proporciona confianza para encausar las emociones o anticiparnos a situaciones que sabemos que nos generan ansiedad o estrés, previendo cómo podemos accionar cuando sucedan,  especialmente aquellos momentos de tensión como los que vivimos en las diferentes etapas de la educación de nuestros hijos.

La aventura de ser familia es incomparable.  Aún hoy cuando vivimos tiempos críticos, la luz de Jesús sigue brillando para iluminar cada hogar, el plan de Dios respecto a la familia sigue intacto y los recursos del cielo disponibles para todos.

 

Tomado del libro “Familias emocionalmente sanas, gestionar las emociones para prevenir la violencia”.   Mayra Djimondian  Ed. DC,  2° Edición

 

Pastora Mayra Djimondian, Licenciada en Orientación Familiar, Escritora, Coach Ontológico, Licenciada en Teología


Dejar un comentario

Por favor tenga en cuenta que los comentarios deben ser aprobados antes de ser publicados

Comment are moderated